Cómo funciona el cerebro humano: memoria, sueño y emociones

Cómo funciona el cerebro humano: memoria, sueño y emociones

El cerebro es la parte más compleja del cuerpo humano, según el Instituto Nacional de Trastornos Neurológicos y Accidentes Cerebrovasculares de Estados Unidos (NINDS). Esta institución lo compara con un grupo de expertos: todas sus áreas trabajan en conjunto, pero cada una tiene responsabilidades propias. Entre sus tareas cotidianas, tres están más conectadas de lo que parece: recordar, dormir y sentir. A continuación, un resumen de lo que dice la ciencia sobre cómo se relacionan.

 

Un grupo de expertos dentro del cráneo:

La región más grande y desarrollada es el prosencéfalo, que incluye principalmente el cerebro (cerebrum) y las estructuras ubicadas debajo de él. Es la parte que normalmente se ve en las imágenes y la que guarda los recuerdos y permite planificar, imaginar y pensar. La mayor parte del procesamiento de información ocurre en la corteza cerebral, lo que se conoce como “materia gris”, y la corteza se organiza en lóbulos frontal, parietal, temporal y occipital. En la parte posterior de cada lóbulo frontal, la corteza motora ayuda a planificar, controlar y ejecutar movimientos voluntarios, como mover un brazo o patear una pelota.

Las neuronas se comunican mediante neurotransmisores, sustancias químicas que las células cerebrales usan para “hablarse”. Y un dato curioso: casi todas las señales entre el cerebro y el cuerpo se cruzan en el camino, por una razón que la ciencia aún desconoce.

 

Memoria: no es una sola, son varios sistemas

Para estudiar el aprendizaje se suelen distinguir tres pasos. La adquisición es cuando recibimos información nueva. La consolidación es cuando esa información se estabiliza, normalmente como memoria a largo plazo. El recuerdo es la capacidad de acceder a ella después.

Además, no existe una única “memoria”. Una revisión científica publicada en el Journal of Sleep Research distingue cuatro sistemas de memoria a largo plazo: procedural, de representación perceptual, semántica y episódica. Según esa revisión, todos se benefician del sueño no REM, del sueño REM o de ambos, y las memorias episódica y semántica parecen apoyarse en etapas distintas del sueño.

 

Dormir: un cerebro lejos de estar apagado

Según el NINDS, el tronco encefálico se comunica con el hipotálamo para controlar las transiciones entre la vigilia y el sueño. Existen dos tipos de sueño: el REM (de movimientos oculares rápidos) y el no REM, que tiene tres etapas. La etapa 1 es el cambio de la vigilia al sueño. La etapa 2 es un sueño ligero previo al sueño profundo, con ondas cerebrales aún más lentas. El sueño REM aparece por primera vez aproximadamente 90 minutos después de quedarse dormido. En esta fase ocurre la mayor parte de los sueños, aunque también pueden darse en etapas no REM.

Una revisión sobre sueño y emociones añade que la noche sigue un orden: el sueño profundo no REM predomina al principio, y la etapa 2 y el REM, hacia el final, aunque se desconoce la razón funcional de esa organización.

No hay un “número mágico” de horas que sirva para todos. Los bebés duermen al principio entre 16 y 18 horas diarias, lo que puede favorecer el crecimiento y el desarrollo del cerebro; los escolares y adolescentes necesitan cerca de 9,5 horas; y la mayoría de los adultos, entre 7 y 9. Después de los 60 años, el sueño nocturno tiende a ser más corto, más ligero y con varios despertares.

 

Dormir para recordar: evidencia y debate

El NINDS indica que la consolidación de la memoria probablemente requiere tanto sueño no REM como REM. Una revisión publicada en la revista Neuron en 2004 reunió evidencia en humanos y animales sobre este vínculo, que describe como una de las hipótesis más atractivas y controvertidas, e incluye también los argumentos en contra. En otras palabras: hay respaldo científico, pero el debate sigue abierto. La propia revisión señala que las funciones del sueño siguen siendo en gran parte desconocidas.

 

Emociones: la pareja amígdala–hipocampo

La amígdala y el complejo hipocampal, dos estructuras del lóbulo temporal medial, están ligadas a dos sistemas de memoria independientes. Sin embargo, en situaciones emocionales interactúan: la amígdala puede modular tanto la codificación como el almacenamiento de recuerdos que dependen del hipocampo, y el hipocampo, al formar representaciones episódicas del significado emocional de los hechos, puede influir en cómo responde la amígdala ante un estímulo emocional.

 

Sueño REM y emociones: una hipótesis en estudio:

En 2009, los investigadores Matthew Walker y Els van der Helm propusieron un modelo en el que, durante la noche, el cerebro modula los sistemas neuronales afectivos y reprocesa experiencias emocionales recientes, algo que parece ajustar la reactividad de las redes límbicas y autonómicas al día siguiente. Además, plantearon una hipótesis sobre el sueño REM y la memoria emocional que podría ayudar a entender por qué las alteraciones del sueño se asocian con trastornos del estado de ánimo.

Conviene ser prudentes: se trata de un modelo y una hipótesis, no de un tratamiento. Un estudio de 2011 en Current Biology habría asociado el REM con una menor reactividad de la amígdala ante imágenes emocionales vistas previamente.

 

Lo que sabemos y lo que falta por saber?

Sabemos: que el cerebro trabaja con áreas especializadas coordinadas; que el sueño alterna fases REM y no REM; y que la amígdala y el hipocampo interactúan cuando hay emoción.

Falta por saber: por qué las señales entre cerebro y cuerpo se cruzan; cuál es la función exacta del sueño; y hasta qué punto el REM reprocesa las emociones, hoy una hipótesis en estudio.

 

Preguntas frecuentes

¿Cuántas horas debe dormir un adulto? La mayoría necesita entre 7 y 9 horas, aunque no hay un número válido para todos.

¿Se sueña solo en REM? No. La mayoría de los sueños ocurre en REM, pero también pueden darse en fases no REM.

¿Dormir mejora la memoria? Hay evidencia de que participa en su consolidación, aunque el tema sigue en debate.

 

Conclusión

Recordar, dormir y sentir no son procesos aislados: las fuentes revisadas sugieren que se influyen y que varias piezas siguen en investigación. El NINDS recuerda que el sueño es tan importante para el bienestar como la comida y el agua

 

Descubre cómo se forman los recuerdos, por qué dormir ayuda a fijarlos y qué papel tiene el sueño REM en la regulación emocional, según fuentes científicas.


Opinión:

Lo más valioso de este tema no es aprender cómo se llama cada parte del cerebro, sino darnos cuenta de que memoria, sueño y emociones forman un mismo circuito. Solemos tratarlos por separado: estudiamos de madrugada para “rendir más”, dormimos poco para “ganar tiempo” y aguantamos las emociones como si fueran un estorbo. Las fuentes apuntan a que esa lógica funciona al revés.

A mi criterio, hay una idea sencilla que cualquiera puede llevarse. Antes de preguntarnos qué técnica de estudio usar o cómo manejar el estrés, convendría preguntarnos cómo dormimos. No lo digo como receta médica, porque no lo es y la ciencia todavía debate muchos detalles. Lo digo como un cambio de orden en las prioridades. Si el sueño participa en fijar lo aprendido y en procesar lo vivido, recortarlo no es un ahorro, es una deuda.

Es importante que quien lea esto se lleve una pregunta práctica para esta semana: ¿qué hago en la última hora del día? Una idea que propongo es el “balance de tres líneas” antes de dormir: una cosa que aprendí, una cosa que me inquietó y una cosa que dejo para mañana. No hay un estudio detrás de esto. Es solo una forma de ordenar la cabeza que cada lector puede probar y descartar si no le sirve.

También creo que conviene desconfiar de los titulares que prometen “hackear” el cerebro. Lo que tenemos son hipótesis interesantes, como el reprocesamiento emocional durante el REM, pero hipótesis no es sinónimo de garantía. Y si alguien siente que el mal dormir o las emociones intensas lo desbordan, lo sensato es consultar a un profesional de la salud, no a un artículo.

En resumen: cuidar el sueño es cuidar, a la vez, la memoria y el ánimo.