La ciencia climática
coincide hoy en tres ideas: el planeta acumula más energía de la que libera,
los últimos once años han sido los más cálidos jamás medidos y evitar rebasar
1,5 °C ya no es posible. Dos informes de Naciones Unidas dan la fotografía más
reciente: el de la Organización Meteorológica Mundial (OMM), publicado en
marzo, y el del Programa de la ONU para el Medio Ambiente (PNUMA), de octubre.
Llegan poco antes de la COP31, prevista en noviembre en Antalya (Turquía
Qué dicen los
datos de temperatura:
Según la OMM, el
periodo 2015-2025 reúne los once años más cálidos de los 176 de registro. 2025
fue el segundo o tercero más cálido, según el conjunto de datos, con cerca de
1,43 ± 0,13 °C por encima del promedio de 1850-1900. El récord sigue siendo de
2024, con unos 1,55 °C, un año que arrancó con un fuerte El Niño. En 2025, el
paso a La Niña enfrió temporalmente el planeta.
Un planeta que
acumula calor:
Por primera vez, la OMM
incorporó el desequilibrio energético de la Tierra como indicador clave. En un
clima estable, la energía solar que entra equivale a la que sale. Hoy el
dióxido de carbono, el metano y el óxido nitroso, en sus niveles más altos en al
menos 800.000 años, dificultan esa salida, y el desequilibrio alcanzó en 2025
su máximo en 65 años de registro.
¿Dónde va ese calor?
Más del 91 % se almacena en el océano, alrededor de un 5 % en tierra firme, un
3 % derrite hielo y solo un 1 % calienta la atmósfera.
Océanos, hielo y
nivel del mar:
• Calor oceánico: 2025 fijó un nuevo récord hasta los 2.000 metros
de profundidad y suma nueve años consecutivos de máximos. Entre 2005 y
2025 el océano se calentó más del doble de rápido que entre 1960 y 2005.
• Olas de calor marinas: cerca del 90 % de la superficie oceánica sufrió
al menos una en 2025, pese a La Niña.
• Nivel del mar: está unos 11 cm por encima del inicio del
registro satelital (1993) y desde 2012 sube más rápido que entre 1993 y
2011.
• Acidificación: el océano absorbió cerca del 29 % del CO₂ de origen humano entre 2015 y 2024. Según el IPCC, el pH superficial actual no tiene
precedentes en al menos 26.000 años.
• Hielo: la extensión media anual del hielo marino ártico
en 2025 fue la más baja o la segunda más baja desde 1979; la de la
Antártida, la tercera más baja.
Gases de efecto
invernadero:
En 2024, último año con
observaciones globales consolidadas, el CO₂ atmosférico
alcanzó su
nivel más alto
en los últimos
2 millones de años,
mientras que el metano y el óxido
nitroso llegaron a máximos
de al menos 800.000 años.
Además, el
aumento anual de CO₂ fue
el mayor desde que existen mediciones modernas (1957), por la continuidad de
las emisiones fósiles
y la menor eficacia de los sumideros de carbono de tierra y océano.
Impactos en la
vida cotidiana:
La OMM recuerda que en
2025 las olas de calor, los incendios, las sequías, los ciclones tropicales,
las tormentas y las inundaciones causaron miles de muertes, afectaron a
millones de personas y dejaron pérdidas de miles de millones.
En salud, más de 1.200
millones de trabajadores, más de un tercio de la fuerza laboral mundial,
afrontan cada año riesgo de estrés térmico, especialmente en agricultura y
construcción. El dengue es la enfermedad transmitida por mosquitos que más
rápido crece: cerca de la mitad de la población mundial está en riesgo y los
casos notificados son los más altos jamás registrados.
El límite de 1,5
°C: lo que admite la ONU
El PNUMA presentó el 21
de octubre su Informe sobre la brecha de emisiones 2026, titulado «El punto de
retorno». Su conclusión principal: la opción de limitar el calentamiento a 1,5
°C sin superación, o con una superación limitada, se perdió. El mejor escenario
disponible, llamado de «superación más baja posible», contiene el pico de
calentamiento en 1,7-1,8 °C hacia mediados de siglo y devuelve la temperatura a
1,5 °C o menos en 2100, con una probabilidad cercana al 50 %.
Lograrlo exigiría
recortar las emisiones un 18 % para 2030, un 45 % para 2035 y un 69 % para
2040, siempre frente a los niveles de 2025, además de retirar y almacenar de
forma permanente unos 320 gigatones de CO₂ durante este siglo. Las promesas actuales (NDC), en
cambio, bajarían las
emisiones solo entre un 5 % y un 8 % para 2030 y entre un 11 % y un 15 % para
2035, y llevarían a
un calentamiento de unos 2,6 °C a
final de siglo, una proyección peor
que la del año
pasado, según el
organismo, por la salida de Estados Unidos del Acuerdo de París y por
estimaciones históricas revisadas.
Como referencia, el
PNUMA plantea que en 2035 la participación del carbón, el petróleo y el gas en
la oferta total de energía baje al menos un 55 %, un 15 % y un 5 %,
respectivamente, frente a 2025.
Lo que sabemos y
lo que falta por saber?
Lo que sabemos
• El calentamiento es sostenido: los once años más
cálidos del registro son consecutivos.
• El océano acumula la mayor parte del calor extra
y sus cambios son irreversibles durante siglos o milenios.
• La ONU da por perdida la vía de 1,5 °C sin
superación o con superación limitada.
Lo que falta por
saber
• Cuánto durará y qué tan alta será la superación:
depende de la rapidez de los recortes.
• Qué compromisos saldrán de la COP31.
• Las cifras consolidadas de gases de efecto
invernadero de 2025: la OMM solo tiene datos globales consolidados hasta
2024.
Preguntas
frecuentes:
¿Ya superamos 1,5
°C? Un año aislado puede
superarlo (2024 llegó a unos 1,55 °C según la OMM), pero eso no equivale por sí
solo a incumplir el límite de largo plazo del Acuerdo de París. El PNUMA ve
inevitable que el calentamiento sostenido lo rebase.
¿Qué es la
superación? Rebasar
temporalmente 1,5 °C y volver por debajo después, mediante recortes profundos y
retirada de CO₂ de la
atmósfera.
¿Qué piden los expertos hoy? Según el PNUMA, minimizar la magnitud y la duración de la superación con recortes rápidos de emisiones.
La OMM confirma 2015-2025 como los 11 años más cálidos y la ONU admite que rebasar 1,5 °C es inevitable. Datos clave, riesgos y recortes necesarios.
Opinión:
Lo más útil de estos
informes no es el titular alarmante, sino aprender a leer los números con
calma. Primero, un año no es una tendencia: 2025 fue algo más fresco que 2024
por La Niña y, aun así, el océano y el desequilibrio energético marcaron
récords. Si solo miramos la temperatura del aire, que es apenas el 1 % del
calor extra, nos perdemos casi toda la historia.
A mi criterio, la
palabra clave de este año es «superación». Durante años se habló del 1,5 °C
como un precipicio: o se cumplía o se fracasaba. Ahora la ONU plantea otra
pregunta, más práctica: cuánto tiempo y por cuánto margen vamos a pasarnos.
Cada fracción de grado y cada año cuentan, y eso cambia el mensaje: ya no es
«todo o nada», sino «cuanto antes, menos daño». Me parece una forma más honesta
de explicarlo, porque evita tanto el catastrofismo como la complacencia.
Mi interés es que quien
lea esto se lleve una idea concreta para su entorno. Los datos de la OMM
muestran que el calor ya afecta al trabajo, la salud y la comida, y que en 2023
solo cerca de la mitad de los países ofrecía alertas de calor pensadas para el
sector salud. Eso se traduce en preguntas útiles para cualquiera: ¿mi ciudad
tiene alertas de calor?, ¿mi lugar de trabajo tiene pausas y agua en los meses
más cálidos?, ¿qué dice el plan de adaptación de mi gobierno local?
También sugiero
desconfiar de las cifras sueltas. Cuando alguien cite un porcentaje de recorte
o una proyección, conviene preguntar: ¿frente a qué año?, ¿con qué
probabilidad?, ¿en qué escenario? Los recortes del PNUMA se miden contra 2025,
no contra 2019, y ese detalle cambia por completo la lectura.
Prefiero no entrar en el debate político sobre quién debe hacer más. Me interesa más que sepamos interpretar los datos.




